Esa es la política a día de hoy de la mayoría de proveedores de servicios actuales. Dicho así igual no os suena, pero si mencionamos algún antivirus activado por tu ISP sin que se haya solicitado previamente, o cualquier tipo de servicio extra activado (normalmente incluyendo un aumento de la facturación mensual) sin haber sido requerido por el cliente, seguro que os suena. Se trata de un llama para desactivar, en vez de loq ue en principio sería lógica, llama para activar, a números que normalmente tienen una tarificación bastante alta.
Unas técnicas, como dice el artículo fuente de este post, que viene de “técnicas de marketing agresivo- copiadas de EEUU, que en los años 80 arrasaron con todo” y que ya se empezaron a aplicar en los 90, sobre todo por entidades bancarias.
Una estrategia que deja al consumidor incauto pagando por un servicio que probablemente ni se ha percatado que tiene en muchos casos.
Y esto solo nos deja una recomendación posible: leerse toda comunicación que nos envíe cualqueir empresa con la que tengamos algún servicio contratado, desde el contrato (ni falta haría comentarlo pero sé de buena tinta debido a mi trabajo que mucha gente no lo hace) hasta la carta mensual en la que nos indican la tarificación que se debe pagar. Y no solo debemos atender a lo que es la factura concretamente sino cualquier publicidad que manden adjunta, dado que esa lectura nos puede liberar de una sorpresa al mes siguiente. Una cosa que me pregunto es si la llamada realizada para evitar la activación de un servicio determinada ha de ser abonada por el usuario, o si este reclama, se le reembolsaría (mediante una bonificación en su facturación mensual) si realiza algún tipo de reclamación. Esa debería ser la lógica, pero no estoy del todo seguro que una reclamación de estas características fuese a tener fruto.
Fuente: Diario ADN, artículo por Lucía Litjmaer